Castillos en venta y turismo rural.

Castillos en el norte de Aragón, los mejores hoteles rurales

El norte de Aragón es tierra fecunda en historia e historias, que no es lo mismo.

Por un lado, se trata de uno de los primeros reinos cristianos que se formaron en la península tras la invasión árabe (1035). Por otro, sus castillos han sido supuestos escenarios de todo tipo de leyendas.

Un aliciente más para invertir en estas propiedades singulares.

El norte de la actual comunidad autónoma de Aragón estuvo formado, entre los siglos IX y XI, por los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, finalmente unidos como un único reino en la figura de Ramiro I.

Posiblemente, la leyenda más sugestiva de todas sea la que tuvo como protagonista a otro Ramiro. Hablamos de Ramiro II el Monje, monarca que rigió los destinos de Aragón entre 1134 y 1157 y que tuvo que enfrentarse a numerosas revueltas sociales y rebeliones nobiliarias.

A pesar de que Ramiro se había formado como eclesiástico, no le tembló la mano a la hora de sofocar las conspiraciones.

La célebre leyenda de la "Campana de Huesca" apunta a que decapitó a doce destacados nobles aragoneses y que dispuso las cabezas a modo de campana.

El badajo, por cierto, era la cabeza del obispo de Jaca.

Sin duda, la escalofriante leyenda de la "Campana de Huesca" (que algunos historiadores consideran plausible) no es la única historia que albergan los castillos de la región.

El castillo de Jaca, por ejemplo, puede presumir de haber vivido acontecimientos que sí que forman indiscutiblemente parte de nuestra historia. Sería el caso del asedio y posterior captura de la fortaleza por parte del todavía invencible ejército de Napoleón (1809).

El general Francisco Espoz y Mina, uno de los militares más destacados de la Guerra de la Independencia, liberó el castillo antes de protagonizar otras notables hazañas en el resto de Aragón.

En suma, los castillos del norte de Aragón atesoran extraordinarias vivencias históricas y no pocos relatos a caballo entre la realidad y el mito.

No sorprende que estas orgullosas construcciones sean excelentes hoteles rurales en potencia, gozando, además, de un gran atractivo estético para los aficionados al turismo rural.

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