Los orígenes de los cortijos

A día de hoy, los cortijos pasan por ser las fincas rurales más representativas de Andalucía. Se trata de un sistema de asentamiento disperso y caracterizado por la presencia de tierras dedicadas al cultivo o al cuidado de ganado. Una fisionomía que comenzó a coger forma durante la ocupación musulmana de la península Ibérica.

En el s. X el poder musulmán seguía siendo absoluto en la mayor parte de la península. No obstante, la emergencia de los reinos de Asturias, León, Navarra y los condados catalanes emergidos de la Marca Hispánica amenazaban con cambiar el mapa en el corto plazo. Entretanto, los musulmanes seguían introduciendo en las regiones centrales y meridionales de su territorio algunas costumbres propias de Oriente Medio. Tal sería el caso de las alquerías, comunidades del interior caracterizadas por su gran dispersión y la primacía del núcleo familiar o tribal frente cualquier otro patrón urbano.

Dichas comunidades, conocidas también como caseríos, consistían en varias casas habitadas como ya hemos dicho por miembros de una misma familia. Este comportamiento, tan poco difundido en la península, estaba muy extendido en el desierto arábigo y era algo consustancial a la ocupación musulmana. Es por que los territorios más rápida e intensamente conquistados por Al-Ándalus son también los que más alquerías albergaron. Especial mención merece la actual Comunidad Valenciana y gran parte de Andalucía oriental. Aunque hasta el momento este tipo de fincas tenían una función eminentemente poblacional y no económica, poco a poco fueron integrándose elementos como cultivos y pequeñas granjas.

Dicho cambio, en apariencia intrascendente, iba a modificar el sentido de las nuevas alquerías, localizadas en su gran mayoría en el sur de la península. Aunque algunas de estas comunidades sobrevivieron con su diseño original, la mayoría crecieron hasta convertirse en pueblos mientras que otras evolucionaron hasta lo que hoy entendemos por cortijos. En este último caso, el número de casas se reduciría hasta quedarse en una única vivienda de gran tamaño a la que ocasionalmente se le sumaba algún granero o almacén. Sus características formales fueron puliéndose durante los compases finales de Al-Ándalus, alcanzando una fisonomía bastante similar a la actual ya en la Edad Moderna.
 

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