Un palacio en venta junto a la judería de Córdoba

Córdoba fue, durante varios siglos, la ciudad más dinámica de Europa en términos culturales (con permiso, quizá, de Constantinopla).

 La relativa tolerancia que se vivió durante el Emirato y los primeros compases del Califato contribuyó decisivamente a esta realidad.

La conquista de Fernando III no solo no abortó esta diversidad, sino que la amplificó durante casi un siglo. La presente casa palacio nos sumerge de lleno en la edad dorada de Córdoba.

La propiedad singular se encuentra muy cerca de la histórica Judería de Córdoba, epicentro de algunos de los episodios más conocidos de la ciudad califal.

Aunque este barrio para los judíos estuvo presente, de manera más o menos nítida, desde la reordenación urbanística llevada a cabo en tiempos de Augusto, la llegada de los musulmanes le daría su forma actual.

Aproximadamente, la Judería histórica se extendía a lo largo de ciertas secciones del Alcázar Viejo (actual barrio de San Basilio), con el cementerio algo más al norte de estas calles.

En este barrio vio la primera luz Maimónides, quizá el mayor erudito judío del s. XII. Por desgracia para el sabio que acabó entrando al servicio de Saladino en Próximo Oriente, su nacimiento tuvo lugar cuando la otrora resplandeciente Córdoba había perdido buena parte de su brillo a resultas de la invasión almorávide.

De hecho, a la llegada de los almohades, más belicosos todavía que los almorávides, los judíos se vieron obligados a abandonar Córdoba (en medio de constantes ataques tolerados o jaleados por las nuevas autoridades).

Con Fernando III y Alfonso X, la comunidad judía exiliada pudo regresar y, de paso, se trajo consigo a muchos judíos de otras ciudades castellanas.

La casa palacio que nos ocupa es una casa cordobesa tradicional pero con las dimensiones y la carga artística, articulada a modo de complejo palaciego (con dos viviendas claramente delimitadas). La vivienda principal dispone de una superficie construida de más de 800 m2, mientras que la complementaria ofrece casi 500 m2 construidos.

 Por su tamaño, ubicación y valor histórico, la propiedad singular resulta idónea como alojamiento turístico. La mayoría de espacios de la casa señorial está en perfecto estado de conservación.

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