Gijón. Sus casas señoriales y propiedades singulares.

Gijón es una de esas ciudades en las que confluyen tendencias históricas muy distintas y que dotan a la ciudad de una riqueza urbanística y arquitectónica bastante considerable.

La bella población asturiana alberga importantes propiedades singulares, especialmente en los barrios más céntricos.

El palacete que nos ocupa es una genuina muestra de las casas señoriales del s. XX.

La evolución de Gijón durante el pasado siglo estuvo marcada, al igual que la de buena parte del país, por profundos altibajos. El arranque de la centuria llegó de la mano del despegue definitivo de la ciudad como principal enclave del comercio del carbón español.

Las exportaciones se intensificaron y ello contribuyó a crear un rico tejido industrial, que no tardaría en traducirse en la edificación de bellas casas señoriales por parte de los principales empresarios locales.

Paralelamente, la población gijonesa pasó de 45.000 a 100.000 habitantes durante la primera mitad del siglo.

Los importantes destrozos que sufrió la ciudad en el marco de la Guerra Civil fueron, por fortuna, rápidamente reparados.

En la década de 1940, Gijón capeó la dura posguerra con mayor solvencia que la mayor parte del país, apuntalando su industria siderúrgica. Es precisamente en este contexto en el cual se alumbró la emblemática propiedad que nos ocupa. Concretamente, el inicio de las obras está fechado en 1947.

La esencia del proyecto original se mantiene incólume en la actualidad, mostrando un edificio peculiar en el que los amplios espacios y la constante entrada de luz natural son las notas predominantes.

A diferencia de otras propiedades singulares, el palacete no sigue un estilo definido, sino que opta por incluir elementos propios de diferentes corrientes, exhibiendo una imagen de conjunto de magnificencia y señorío.

A este efecto contribuyen decisivamente los cuatro espaciosos salones y las siete habitaciones que comprende el inmueble, algunas de las cuales cuentan con mobiliario de gran valor artístico.

Los cinco baños garantizan el mejor servicio a los huéspedes, mientras que la cocina -igualmente amplia- está directamente conectada con el salón principal.

A todo lo anterior cabría añadir la presencia de una pequeña capilla privada y los techos situados a más de tres metros de altura.

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