Historia rural de Guadalajara

Ignorada por el gran público, la historia rural de Guadalajara hunde sus raíces en la Hispania romana y cobra gran protagonismo durante la dominación musulmana aunque no con la finalidad que cabría esperar. Y es que, la gestión de las fincas agrícolas estuvo durante mucho tiempo condicionada por las necesidades militares de Al-Ándalus y por el peso de Toledo.

El asentamiento romano más importante de la provincia estuvo situado muy cerca de la actual capital, si bien no se trata de una época en la que el medio rural sufriera ninguna modificación de relevancia. Las técnicas agrícolas romanas eran todavía muy rudimentarias y la región no presentaba ningún aliciente especial para el cultivo. Una situación que se mantendría con pocos cambios durante el Reino Visigodo de Toledo. La relativa cercanía respecto a la capital del reino dinamizaría de algún modo la vida en el campo, que había experimentado un salto cualitativo tras la desmembración del Imperio romano.

La conquista musulmana por su parte sí que dio un giro importante al entorno rural de Guadalajara. Es de hecho en este momento cuando se acuña la actual denominación de estas tierras, que surge de la adaptación del término "Wad-al-Hayara" (valle de castillos). Un término que quizá hacía referencia a la progresiva construcción cristiana de fortalezas al otro lado de la frontera. Durante el Califato de Córdoba estas fincas dejarían en un segundo plano la producción agrícola y se convertirían en una marca fronteriza conocida como Marca Media. El propósito de esta franja era proteger la más importante ciudad de Toledo.

En el año 1018, la independencia de la Taifa de Toledo provoca que la actual provincia de Guadalajara pase a formar parte de esta nueva construcción política. Nuevamente, los campos de la región pasan a tener una finalidad eminentemente militar, lo que influye en la baja densidad demográfica. Finalmente, las huestes castellanas toman "Wad-al-Hayara" en 1085 y se encuentran con un territorio francamente despoblado. Sin sucesión de continuidad, órdenes religiosas y linajes nobiliarios se encargan de repartir las fincas de la provincia ahora sí para su explotación económica. Rápidamente, los pastos para el ganado comenzarán a proliferar por Guadalajara.
 

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