Los cortijos en la edad moderna.

Si hubiera que definir el sur de España con un tipo de propiedad este sería sin duda alguna el cortijo. Especialmente arraigada en las provincias centrales de Andalucía, esta forma de organizar el territorio y explotar la tierra hunde sus raíces en la época andalusí. Con todo, sería en la Edad Moderna cuando estas fincas se desarrollaron completamente.

Históricamente utilizadas como residencias rurales para grandes propietarios, las haciendas andaluzas adquirieron nuevas competencias en el s. XVI. De entrada, se potenció el componente económico, dando lugar a formas más eficaces de explotar las diversas actividades agropecuarias que tenían lugar en los cortijos. Estas extensiones de tierras se aglutinarán en torno a redes comerciales más o menos relevantes, lo que dará lugar a un creciente interés por aumentar la producción y abarcar nuevos mercados. En cualquier caso, dichas rutas de tráfico de mercancías apenas habían sufrido cambios de relevancia (el más importante el traslado de la Casa de Contratación desde Sevilla hasta Cádiz).

Los circuitos comerciales de productos agrarios de Andalucía fueron bastante importantes durante toda la modernidad, si bien podemos distinguir varias zonas del mapa con una fuerte presencia de cortijos. En primer lugar, las fincas cerealísticas poblaron toda la mitad sur de Córdoba y parte del norte de Málaga (de acuerdo con la división provincial actual). No obstante, el cultivo del cereal fue también muy importante en amplias zonas de la Andalucía occidental, adquiriendo una fuerte presencia en toda la provincia sevillana y algo menor en la de Cádiz. Paralelamente, los olivares (tan importantes a día de hoy) comenzaron a emerger en el centro de Córdoba.

La otra gran característica de los cortijos modernos es su tendencia hacia la gran propiedad. En el s. XVIII se gestarán grandes latifundios, algunos de los cuales siguen hoy día en funcionamiento. Ligado a este auge de las grandes explotaciones agrarias se encuentra el renacimiento de la alta nobleza andaluza, que a comienzos del s. XIX acaparará no menos del 70% de las fincas rústicas del entonces Reino de Sevilla (que comprende las actuales provincias de Huelva y Cádiz además de Sevilla). En el litoral mediterráneo abundarán en cambio los pequeños y medianos propietarios.

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