Bilbao y sus edificios emblemáticos.

La gran reforma urbana de Bilbao en el S. XIX

Durante la segunda mitad del s. XIX, algunas de las principales ciudades españoles llevaron a cabo ambiciosos programas de reordenación urbanística encaminados en primer lugar a racionalizar el espacio urbano y en segundo a dar cabida al crecimiento demográfico. El caso de Bilbao, y la manera en que integró los edificios emblemáticos, es uno de los más notables.

Hacia 1860, la ciudad de Bilbao comenzaba a denotar una gran disfuncionalidad fruto del aumento de la población y las crecientes demandas de mejores servicios e instalaciones públicas por parte de una burguesía que era ya la clase social más importante. El director inicial del proyecto, Amado Lázaro, tomó buena nota de los progresos de Ildefonso Cerdá en la todavía más compleja Barcelona. Lamentablemente, el crecimiento demográfico fue mayor del esperado y el programa de Lázaro quedó obsoleto antes de comenzar a aplicarse. Bilbao perdía así la década sin acometer ninguna intervención de calado.

Finalmente, en 1871, los ingenieros Alzola y Hoffmeyer se pusieron manos a la obra. El primer ensanche bilbaíno se proyectó hacia el sur, alcanzando el río Nervión. Es de destacar que este plan, que comenzó a implementarse en 1876, respetó la ubicación de la gran mayoría de edificios emblemáticos, puesto que su expropiación hubiera resultado muy costosa al tratarse principalmente de casas señoriales. De igual modo, las diversas actuaciones llevadas a cabo en el último cuarto del s. XIX trataron de desplazar progresivamente la industria hasta zonas menos habitadas. Conviene señalar que la contaminación era considerable, restando atractivo a la ciudad.

 

El segundo gran ensanche se orientó hacia el norte, hasta la actual Avenida Sabino Arana y frente al recientemente remozado Estadio de San Mamés. Esta segunda actuación prolongó definitivamente la Gran Vía, que se completaría a comienzos del s. XX, dando continuidad a las manzanas cuadriculadas pero con algunos tramos curvos que coincidían con las ya mencionadas casas señoriales. Algunos de estos puntos albergan en la actualidad un hotel con encanto, si bien el encarecimiento del suelo en las últimas décadas ha limitado las inversiones. En conclusión, el viraje de Bilbao desde una ciudad gris hasta otra residencial comenzó con el ensanche (visible hoy desde un céntrico hotel con encanto).

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