¿Es buen momento para comprar empresas en España?

Una de las primeras preguntas que se plantea cualquier emprendedor antes de poner en marcha su negocio es si es un buen momento para hacerlo.

Y es que, incluso las mejores ideas pueden rendir por debajo de lo esperado si se lanzan en una coyuntura equivocada. Otro tanto sucede con la compra de empresas aunque, por fortuna, 2019 se presenta como un magnífico ejercicio para esta actividad.

De acuerdo con el Boletín del Banco de España (BdeE) y el informe sobre las proyecciones macroeconómicas de la economía española (2018-2021) de la misma institución, las empresas españolas cuentan con buenas perspectivas a corto y medio plazo.

Por citar solamente algunos de los indicadores que avalan esta visión, el porcentaje de empresas que encuentran dificultades para encontrar financiación se sitúa actualmente en el 8%, el nivel más bajo de la década.

Paralelamente, se espera que la economía española crezca un 2,2% el presente año, un 1,9% en 2020 y otro 1,7% en 2021.

Otro bloque de datos que invita al optimismo empresarial es el de las ventas en el exterior.

Las exportaciones de bienes y servicios crecieron un 1,8% en 2018 y lo harán con mucha mayor intensidad en los próximos años, comenzando por un repunte del 3,4% en 2019. También lo referente al consumo doméstico, el mercado nacional, vaya, es especialmente favorable para la actividad empresarial.

El consumo privado crecerá un 1,9% este año, mientras que la demanda pública lo hará en un 1,6%. Paralelamente, la tasa de paro seguirá cayendo, lo que explica la mejora de los datos de consumo.

Todo ello ha contribuido a fomentar la creación de empresas, otro dato a tener en cuenta para evaluar la coyuntura actual (la aparición de nuevas compañías indica buenas perspectivas). Por último, no puede menospreciarse el hecho de que las empresas españolas han realizado un gran esfuerzo en el último lustro para reducir su carga financiera.

De este modo, los negocios están mucho menos endeudados que en el pasado y su solvencia de cara a posibles contratiempos es, consecuentemente, mayor.

Además, la compra de empresas activas ahorra problemas como la falta de conocimiento de los consumidores.

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