Un palacete diseñado por Leonardo Rucabado. Cien años adornando Santander

La construcción de grandes edificios de propiedad privada tiene una importancia capital en la evolución del entramado urbano de las ciudades. Palacetes y casas señoriales pasan rápidamente a formar parte de la imagen de la localidad en cuestión, repercutiendo indirectamente en la belleza de dichas urbes. La presente casa señorial por ejemplo es todo un icono del barrio de El Sardinero.

Considerada como una de las zonas más atractivas y conocidas de Santander, El Sardinero ha sido históricamente objeto de deseo por parte de las clases pudientes del centro de España. No sorprende por tanto que a comienzos del s. XX se multiplicara la construcción de palacetes como el que nos ocupa, datado en 1915. Uno de los más ilustres veraneantes en tan famosas playas fue el mismísimo Alfonso XIII, lo que motivó un auge constructivo sin precedentes en la capital cántabra. Prontamente, mansiones, casinos y establecimientos refinados poblarían los márgenes del floreciente paseo marítimo.

La propiedad en cuestión fue diseñada por Leonardo Rucabado. Natural de Castro Urdiales, Rucabado llegaría a convertirse en uno de los más importantes representantes de la arquitectura regionalista, esto es, el estilo constructivo que hundía sus raíces en ejemplos del pasado local. El arquitecto cántabro jamás olvidaría sus orígenes, lo que se tradujo en edificios con un marcado aire montañés. Con todo, sería en el terreno del modernismo donde cosecharía sus mayores éxitos, llegando a diseñar edificios en el Eixample barcelonés. Su contribución al mundo de la arquitectura sería recompensada apenas un año antes de su muerte, cuando recibió la Medalla de Oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1917.

Con tan ilustre personaje como arquitecto, el palacete que nos ocupa corona orgulloso una esquina de tan popular enclave de Santander. No en vano, la propiedad forma parte del Conjunto Histórico-Artístico de El Sardinero, por lo que está declarada Bien de Interés Cultural. La parcela cuenta con 784 metros cuadrados de extensión, incluyendo varios árboles de gran tamaño y especialmente frondosos. La casa se divide en cuatro grandes plantas, incluyendo un semisótano de 125 m2. Su principal seña de identidad es la torre que sobresale sobre el resto del conjunto.

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