Las entidades financieras van asumiendo que la crisis se alarga, y que sus problemas con el inmobiliario no los resuelve el paso del tiempo, por lo que están estudiando desprenderse de forma rápida de sus activos ya adjudicados, ante la más que probable entrada de otros nuevos, como consecuencia de otros fallidos en sus préstamos vivos y de los riesgos corporativos y financieros de sus participadas inmobiliarias.
Algunas entidades están tratando de llevar a cabo una enajenación rápida de los activos ya adjudicados mediante la venta de los mismos, asà como de la deuda a fondos de oportunidad, lo que llevarÃa parejo la asunción de pérdidas inmediatas, que probablemente sean parecidas a las que se acabarÃan contabilizando en los próximos años.
Para llevar a cabo tal acción, es necesario que la estructura del balance de la entidad financiera la soporte, dado que acarrearÃa una disminución de sus fondos propios, precisamente ahora que el regulador está exigiendo a los bancos europeos un nivel más alto del ratio Fondos Propios/ Activos ponderados por su riesgo, y la disminución se produce en el numerador y en el denminador, por lo que es una cuestión de equilibrio que depende del descuento que vengan obligados a realizar en esa venta rápida.
En el mercado se da por admitido que el nuevo gobierno que forme el Partido Popular creará un banco malo, al menos para el suelo, pero para que el banco malo resuelva la situación, es imprescindible socializar las pérdidas. Pero, en unos momentos como los actuales, en los que se están restringiendo las prestaciones sociales y anulando la tarjeta sanitaria a cuantos se les acaba la prestación por desempleo, en buena parte de las Comunidades Autónomas, no parece que la sociedad lo aceptara de buen grado, especialmente si se tiene en cuenta la valoración en que la opinión pública tiene de promotores y banqueros.
Pero si ya son muchas las promotoras que han caÃdo en manos de los bancos, de seguir la situación como ahora, aquellos que han sobrevivido hasta ahora pueden ver agotada su capacidad de resistencia.
La cotidianidad nos enseña que se hace necesario que las entidades financieras reconozcan lo que valen sus activos en la actualidad y, a partir de ese valor, tratar de obtener el precio máximo, e incluso tratar de impulsar, a partir de ese valor, que los promotores iniciaran nuevas promociones residenciales en los suelos adecuados, dejando aquellos que no tienen valor y que tardarán mucho tiempo en alcanzarlo, en una cartera cerrada y sin gestionar.
La búsqueda de soluciones sin que afecte a los fondos propios, ya se ha intentado sin resultado
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